martes, 20 de mayo de 2014

Historia de Lucena sefardí

Eli Hossana o al-Yussana
Historia de Lucena sefardí



Por Elisa Simon 

Lucena es una localidad de la provincia de Córdoba, situada entre las suaves colinas de la sierra Subbética y bañada por la cuenca del Genil. Lucena se muestra blanca entre los campos de viñas, olivos y trigo. Su importancia en la historia viene determinada por su situación geográfica, en un cruce de caminos y el centro neurálgico de Andalucía.

El geógrafo ceutí al-Idrissi la describió así cuando la visitó en 1154 “ … entre el sur y el oeste de Cabra está Lucena, la ciudad de los judíos. El arrabal esta habitado por musulmanes y por algunos judios; en él se encuentra la mezquita aljama pero no está rodeado de murallas. La villa, por el contrario, está ceñida de buenas murallas, rodeada por todas partes por un foso profundo y por canales cuyos excedentes de agua vierten en este foso. Los judíos viven en el interior de la villa y no dejan penetrar en ella a los musulmanes. Son allí los judíos más ricos que en algún país sometido a la dominación musulmana y están muy sobre aviso de las empresas de sus rivales. De Lucena a Córdoba se cuentan 20 millas”.

maqueta de Lucena en el siglo XII 


Se menciona al-Yussana por primera vez, hacia el siglo IX, en la crónica de Ajbar Maymu´a, donde hace referencia a una casa o palacio junto a la puerta del puente de Córdoba o puerta de Algeciras. Sería ésta la vivienda de un gobernante visigodo de nombre Yussuis, quizá el origen del nombre de la ciudad.
Ajbar Maymu´a escribió: 
“ era una casa magnífica con abundante agua, olivos y otros árboles frutales y se llamaba al-Yussana …”

Según se deduce de las crónicas, en el momento de la llegada del Islam a la Península, Lucena estaría habitada por algunos judíos, los cuales brindaron su ayuda y su apoyo a los nuevos gobernantes. Como “gente del Libro” los judíos de la Península quedarían sometidos al pago de los impuestos llamados yizya y jaray. Los sefardíes de al-Yussana, la llamaban Eli Hossana, que significa “Dios nos salve”. En lo referente a la historia de al-Andalus, Lucena cobra singular relevancia por haber sido la ciudad de los judíos que albergaba la Academia Talmúdica de Occidente. 
A lo largo del emirato perteneció a la cora de Cabra y la medina de al-Yussana estaba rodeada por una muralla  que resistió los ataques de ´Umar ibn Hasfún. Ibn Hayyan menciona:
“ … los castillos de la cora de Cabra y al-Yussana, cuyos habitantes eran judíos sometidos a clientela o pacto …”

Ibn Idari menciona Lucena en este contexto también, que hacia 891 la rebelión de ´Umar ibn Hafsun se había extendido y que él atacaba los castillos de la Cora de Cabra y la ciudad de al-Yussana, ciudad habitada por judíos dimmies.

calle principal de la antigua Juderia 

Bajo la bandera del Islam, los sefardíes de Lucena fueron cobrando importancia, se dedicaban a la agricultura, sobre todo el cultivo del vino y el olivo, además de la artesanía. En la vida diaria, los lucentinos seguían la Tradición o Ley Oral así como la Ley Escrita. En muchas ocasiones les sobrevenían dudas y preguntas, que eran respondidas por los sabios y los rabinos de las Academias Talmúdicas de Babilonia. 
Según documentación hallada en la Genizah del Cairo, los lucentinos mantuvieron constante correspondencia con las escuelas talmúdicas de Oriente. Natronai bar Hilai, gaon de Sura, redactó hacia mediados del siglo IX unas epístolas dirigidas a los lucentinos, en contestación a varias preguntas de tema religioso, morales y de comportamiento con los vecinos.


calle Santiago 
calle Zamora 

 La academia de Sura fue con la que más comunicación mantuvieron.  Eleazar ibn Samuel Hurga, lucentino, no se contentó con epístolas, sino que viajó hasta Sura donde recibió clases magistrales de los mejores rabinos y sabios, se licenció, recibió el título de resh Kallah, título otorgado a los no-babilónicos y sería algo así como el diploma de jefe de estudio e integraba junto con otros miembros la junta de Gobierno de la academia talmúdica.

 En el siglo X, bajo los califas omeya, Abd ar-Rahman III y al Hakam II, los sefardíes de al-Andalus vieron florecer su cultura y Lucena en particular se desarrolló de manera espectacular. La figura de Hasday ibn Shaprut, nasí de la comunidad y hombre de confianza de ambos califas, ayudó y apoyó de todas las maneras a los sefardíes.
La ciudad de Eliossana comenzó a brillar con luz propia, gobernada por un dayyan o juez,  el rey Abd ´Allah en sus Memorias lo llama alamin,  sus habitantes vivieron tranquilos, aunque también se produjeron momentos y circunstancias muy tensas y con grandes desacuerdos.  Los lucentinos se dedicaban tanto a la ciencia y la sabiduría como al comercio. Eran propietarios de campos de cultivo, sobre todo de olivares. Se ocupaban de los negocios de importación y exportación de artículos de los países mediterráneos. La situación geográfica de Lucena, a medio camino entre la capital del califato y los puertos de Pechina y Málaga, propició dicho comercio. Los mismos dirigentes omeya delegaban en los sefardíes las actividades comerciales, así como la recaudación de los impuestos para las arcas del Estado andalusí. Otros preferían emplear sus conocimientos en las letras y en las ciencias, formando parte del aparato administrativo del califato, como secretarios, traductores, pero también como médicos y astrónomos. Algunos sefardíes fueron artistas  artesanos de la orfebrería, los textiles, sobre todo la seda y los trabajos en mimbre. 
Este desarrollo económico e intelectual, a lo largo del siglo X, llamó a un gran número de judíos de los países mediterráneos, que acudieron a Lucena en busca de progreso y bienestar.

Mientras al-Andalus vivía su época de esplendor, las Escuelas Talmúdicas de Oriente habían entrado en decadencia por falta de financiación. La grave situación provocó el cierre de estas Academias. Sus gaonim o directores decidieron embarcar en un navío para proseguir sus enseñanzas en Occidente. Estos hechos son narrados por Abraham ibn Daud de Toledo en su Sefer ha-Qabbalah (Libro de la Tradición) Se trata de la historia de los cuatro rabinos apresados por el corsario ibn Rumahis, quien los  vendió como esclavos en distintas ciudades, uno de estos rabinos se llamaba Moshe ben Hannoch y llegó como esclavo a la ciudad de Córdoba. Sus correligionarios lo compraron y le dieron de inmediato la libertad. Ben Hannoch, se quedó en Córdoba, se integró en la comunidad sefardí sin dar a conocer su identidad.  Asistía a diario a la sinagoga para escuchar las enseñanzas del Talmud. En una de las sesiones de preguntas, ben Hannoch intervino para completar una explicación y todos quedaron atónitos por la forma de expresarse y la manera de explicar. En ese momento se descubrió su identidad y fue enseguida nombrado gran rabino de Córdoba. La presencia de ben Hannoch propició el florecimiento de la enseñanza Talmúdica en al-Andalus. Un gran número de judíos de toda la zona mediterránea acudieron a la capital del califato para estudiar. 

A la caída del califato, Lucena pasó a formar parte del reino ziri de Granada y la Academia de Lucena comenzó a brillar con luz propia, bajo la protección de Samuel ibn Nagrella, visir y hombre de confianza de Habus y Badis (señores de Granada) que lo nombraron  nasí o príncipe de la comunidad en la taifa de Granada. Ibn Nagrella, que era poeta y erudito, mantuvo muy buenas relaciones con todos los rabinos y sabios de su tiempo. Los más grandes poetas, filólogos, filósofos, médicos fueron discípulos de algunos de los maestros de Lucena. Los tres rabinos más importantes de los siglos XI y XII fueron: Isaac ibn Gayyat,  Isaac al-Fezí y Josef ibn Megash, los cuales abarcan el período de los reinos de taifas y la dominación almorávide, ya que Yusuf ibn Tashfin y el za´im o jefe de Lucena sellaron un pacto en 1103, quedando al-Yussana integrada en el imperio almorávide.
 Ibn Gayyat, nacido en Lucena, fue un gran sabio en temas de la legislación judía. Su obra literaria giró en torno a la vida espiritual, sus escritos en prosa y poesía están relacionados con la vida en la sinagoga. Fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella y su familia.
Isaac al-Fezí, (1013-1103) fue uno de los más famosos maestros talmudistas y el más importante de los cinco rabinos de igual nombre que menciona Abraham ibn Daud en su Sefer ha-Qabbalah. Nacido en Qal´at Hammad, estudió en Qairuan y vivió muchos años en Fez, de ahí su apelativo de al-fesi.  En el 1088 se trasladó a al-Andalus y se estableció en Lucena, donde se convirtió en el más grande director de la academia y allí murió a los 90 años.
 Yosef ibn Megash, fue su discípulo y sucesor en el cargo de director al frente de la escuela. Nació en Sevilla y con solo 12 años su maestro le recomendó a su familia que lo llevaran a Lucena ya que mostraba grandes aptitudes para el estudio. Allí se desarrolló como erudito hasta convertirse en rabino y finalmente la mayor autoridad talmudista de su generación. Ocupó el puesto de director durante casi 40 años y tuvo entre sus muchos discípulos al padre de Maimónides. 



 Entre los discípulos que estudiaron en la Academia de Lucena, bajo estos tres rabinos, se encuentra Isaac ibn al-Baliah (1035-1094) que terminó estableciéndose en la taifa de Sevilla y fue nombrado astrólogo del rey al-Mu´tamid. Alumno sobresaliente fue Moshé ibn ´Ezra, uno de los mejores poetas del siglo XI, el lucentino Isaac ibn Mar Sha´ul,  fue un estudioso del Talmud e introdujo novedades en la poesía sefardí. Coincidieron estos alumnos con la estancia temporal en Lucena de Yehudáh ha-Leví. Yoseph ibn Saddiq (1075-1149) nacido en Córdoba y educado en Lucena, fue poeta y filósofo. Más tarde se trasladó a Córdoba donde ocupó el puesto de dayyan de la comunidad entre los años 1138 y 1149. Su obra más importante se llama “microcosmos” compuesto de cuatro libros. Otros grandes eruditos que estudiaron en Lucena fueron Yonah ibn Yanah de Córdoba, fue un filólogo que se trasladó a Zaragoza y fue maestro de ibn Gabirol, Moshe ibn Chiquitilla, lingüista que se estableció en Zaragoza y que fue muy amigo de Samuel ibn Nagrella.

La historia de Lucena sefardí y la academia acabó bruscamente en 1145 cuando llegaron los almohades a la Península y obligaron a los no musulmanes a la conversión o expulsión. La escuela talmúdica debió cerrar sus puertas, los rabinos y sabios se dispersaron por distintos puntos de la geografía. El último gaon de Lucena Meir ben Yusuf ibn Megash terminó sus días en Narbona, después de pasar un tiempo en Toledo. Los demás eruditos marcharon hacia Cataluña, Toledo, Portugal y Francia. En Eliossana las sinagogas se convirtieron en mezquitas, hasta la conquista cristiana.  

En la actualidad, el Museo arqueológico de Lucena, situado en el castillo del Moral, alberga en su sala 6 piezas de su pasado sefardí. 






Así mismo hace unos años, durante unos trabajos en la carretera de la Ronda Sur, se halló una necrópolis judía, la más grande hasta ahora de la Península. Aquí tienen un video sobre los reenterramientos en el año 2011. 




BIBLIOGRAFIA:
-   Lucena sefardita de Joaquín Pérez Azaústre – ciudades andaluzas en la historia, Fundación Jose Manuel Lara 2005
-       Literatura hebrea en la España medieval de Ángel Sáenz-Badillos, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-    Judíos españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias, Fundación Amigos de Sefarad, Madrid 1991
-       Siglo XI en primera persona, memorias del rey abd ´Allah, último rey taifa de Granada – E.Levi-Provençal y Emilio García Gómez – Alianza Tres
-       www.sefardies.es -  Información sobre la cultura y la historia sefardi

-       Sefer ha-Qabbalah – Libro de la Tradición de Abraham ibn Daud, traducido del hebreo por Jaime Bages Tarrida, Granada 1922

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